Unblocking A Tear Duct May 2026

Unblocking A Tear Duct May 2026

The process of unblocking begins with understanding the problem. In newborns, a blocked tear duct (dacryostenosis) is often a congenital issue: a thin membrane at the duct’s exit fails to open at birth. For adults, the causes are more varied—inflammation, infection, injury, or simply the narrowing of the duct with age. Regardless of the cause, the result is the same: tears that should drain into the nose well up and spill onto the cheek, often accompanied by crusting, blurred vision, and a risk of infection called dacryocystitis. Unblocking the duct, therefore, is not cosmetic; it is a functional necessity to restore the eye’s natural cleanliness and comfort.

For many, the first line of treatment is surprisingly low-tech and gentle. In infants, pediatricians often teach parents a simple massage technique known as the Crigler maneuver. Using a clean fingertip, the parent applies firm, downward pressure from the inner corner of the baby’s eye down the side of the nose. This hydrostatic pressure aims to pop open that stubborn membrane, much like pressing on a clogged straw. Remarkably, this conservative approach succeeds in over 90% of newborns by their first birthday. For adults with partial blockages, warm compresses, antibiotic drops for any secondary infection, and similar massage techniques can sometimes alleviate the problem without further intervention.

In the landscape of human anatomy, some structures are so small and specialized that their failure, while not life-threatening, can be disproportionately irritating. The nasolacrimal duct, a tiny channel running from the inner corner of the eye to the nasal cavity, is one such structure. Its job is deceptively simple: to drain excess tears away. But when this microscopic “plumbing” becomes blocked, the eye, instead of being a window to the soul, becomes a perpetually watering, sticky, and uncomfortable nuisance. Unblocking a tear duct is a journey from the simplest of home massages to delicate microsurgery, a testament to how modern medicine addresses the body’s most intricate hydraulic systems.

When these simple measures fail, however, the real ingenuity of ophthalmology comes into play. The next step is often a procedure called probing and irrigation. Under local anesthesia, a thin, blunt metal probe is gently threaded through the pinpoint opening of the tear duct (the punctum) at the eyelid’s edge. The doctor navigates this probe down the narrow canaliculus, past a one-way valve (the valve of Hasner), and into the nose, physically pushing aside any obstruction. A saline flush then confirms the pathway is clear—a strangely satisfying moment when the patient tastes the salty liquid in the back of their throat. For stubborn blockages in adults, a balloon dacryoplasty may be used, where a tiny inflatable tube is inserted and expanded to stretch the duct open, similar to an angioplasty for the heart.

For the most severe or chronic cases, particularly when the blockage lies in the bony part of the duct or has caused recurrent infections, the solution is a definitive surgical bypass: dacryocystorhinostomy (DCR). This procedure, whose name is as complex as its function, creates an entirely new tear drain. The surgeon makes a small incision beside the nose, drills a tiny window through the lacrimal bone, and directly connects the tear sac to the nasal cavity, bypassing the blocked duct. Modern endoscopic DCR techniques even allow this to be done without an external scar, using a camera passed up the nose. It is a remarkable example of surgical rerouting—when the original pipe is irreparably clogged, you build a new aqueduct.

In conclusion, unblocking a tear duct is a journey in miniature, scaling from the intimacy of a parent’s fingertip on a baby’s nose to the precision of a laser or endoscope. It reveals a profound truth about medicine: the most bothersome problems are not always the largest. A tiny valve or a millimeter of scar tissue can disrupt the elegant choreography of the eye. By understanding and methodically addressing these microscopic blockages, healthcare providers do more than stop tears from spilling—they restore clarity, comfort, and the simple, unnoticed miracle of a perfectly drained eye.

¿Qué es la mácula?

La mácula es la parte central de la retina y una de las zonas más importantes de este tejido. La OCT permite analizar en profundidad su estructura y su estado.

Entre las funciones más importantes de la mácula se encuentran las siguientes:

  • Es la responsable de la máxima agudeza visual.
  • Aporta las mejores condiciones de visión central al ojo humano. Por lo tanto, gracias a ella es posible distinguir las caras, los colores y ver los pequeños detalles.
mujer con ojos azules mirando al horizonte
oftalmóloga y paciente durante una prueba OCT

¿En qué consiste la OCT macular?

La OCT o tomografía de coherencia óptica es una prueba de imagen que se lleva empleando desde 1995, aunque ha evolucionado mucho desde entonces. Tiene ciertas semejanzas con el TAC y con la resonancia magnética.

La tomografía de coherencia óptica emplea un emisor de luz infrarroja y aprovecha un complejo principio óptico (la interferometría) para obtener imágenes o cortes de una altísima resolución, similar a la obtenida en cortes microscópicos de las estructuras oculares.

¿Para qué se utiliza este examen?

La OCT permite el diagnóstico, control y seguimiento de los problemas de la mácula y, por extensión, de la retina, de la coroides y del vítreo.

Esta herramienta diagnóstica ofrece información objetiva y en profundidad sobre:

  • El grosor de la retina (medido en micras).
  • Su anatomía microscópica.
  • Los cambios patológicos en su espesor.

Además, la OCT hace posible evaluar las condiciones en las que se encuentran las partes anteriores del globo ocular, como la córnea o el ángulo iridocorneal.

auxiliar y paciente durante una topografía corneal

¿Cuándo se necesita esta prueba y qué enfermedades detecta?

El oftalmólogo suele indicar la necesidad de realizar una OCT macular cuando observa algún tipo de cambio en la retina durante la realización de una exploración de fondo de ojo al paciente.

Para analizar el fondo de ojo, el especialista dilata la pupila mediante fármacos que provocan una midriasis temporal y, a continuación, observa las estructuras del polo posterior con una lámpara de hendidura y lentes de biomicroscopia u oftalmoscopio. unblocking a tear duct

La OCT de la retina permite visualizar este tejido sensible a la luz y realizar una "fotografía virtual" perfecta de sus distintas capas, de tal manera que resulta muy útil en el caso de pacientes que padezcan o que se sospecha que padecen enfermedades como: The process of unblocking begins with understanding the

  • Degeneración macular asociada a la edad (DMAE).
    En el caso de la DMAE, una de las principales causas de pérdida de visión en los países desarrollados, la OCT proporciona una gran cantidad de información sobre la enfermedad:
    • La forma de DMAE que sufre el paciente (DMAE seca o DMAE húmeda)
    • El estadio en el que se encuentra la enfermedad.
    • Si existe o no actividad.
    • Si el paciente mejora o empeora desde la visita anterior, teniendo en cuenta el tratamiento que se le ha indicado.
    En algunos casos, la realización de la OCT macular en pacientes con DMAE deberá completarse con otras pruebas, como la angiografía fluoresceínica.
  • Edema macular.
    Este tipo de problemas oftalmológicos se producen cuando existe una concentración de fluido entre las capas de la retina como resultado de la diabetes, de una inflamación ocular o de una trombosis venosa. La OCT muestra al especialista el grosor de la retina central para saber qué tratamiento es más adecuado en cada momento y si este está siendo efectivo o no.
perfil primer plano prueba para el diagnóstico de enfermedades oculares
pantalla de aparato durante una prueba oftalmológica
  • Coroiditis central serosa o coriorretinopatía serosa central.
    En fases muy iniciales, la detección de esta enfermedad puede ser muy complicada. La realización de la OCT macular es de capital importancia en aquellos casos en los que se sospeche de esta patología.
    Además, ofrece información para:
    • Localizar el fluido que se acumula bajo la mácula como consecuencia de esta enfermedad.
    • Determinar su cantidad.
    • Valorar el tratamiento más adecuado en cada caso, en función de los cambios que se hayan producido en la mácula.
  • Membrana epirretiniana.
    La tomografía de coherencia óptica permite conocer el grosor del tejido que se forma sobre la mácula en los pacientes que presentan esta patología para que el oftalmólogo decida si es necesario o no realizar una cirugía.
  • Agujero macular.
    En este caso, la OCT resulta muy útil para:
    • Conocer el diámetro y la forma de las lesiones.
    • Si estas afectan a la mácula.
    • Detectar los procesos incipientes para poder tomar decisiones médicas a tiempo.
  • Retinopatía diabética.
    Cuando el incorrecto control de la diabetes provoca daños en los vasos sanguíneos de la retina, la OCT macular permite detectar y valorar las anomalías y contribuir a un diagnóstico precoz.
  • Análisis de las consecuencias de la miopía magna o miopía patológica.
  • Distrofias retinianas (enfermedades hereditarias como la enfermedad de Stargardt y la distrofia foveomacular viteliforme o Enfermedad de Best).
  • Retinosis pigmentaria.
  • Trombosis y oclusiones venosas de la retina.
  • Uveítis.

OCT macular y nervio óptico

Además, la OCT proporciona información sobre el estado del nervio óptico, ya que ofrece un estudio objetivo de la cabeza de este nervio y de la capa de fibras nerviosas.

Todo esto resulta de gran ayuda para el diagnóstico precoz y el seguimiento de los pacientes con glaucoma o para aquellos que sufren neuritis óptica.

OCT macular y lente intraocular

Por otro lado, esta prueba también se realiza en pacientes ya sometidos a tratamiento para ver cómo responden y cómo evolucionan. Esto posibilita al oftalmólogo para disponer de datos objetivos que le permiten saber si es necesario cambiar o modificar parcialmente este tratamiento, lo que en muchos casos permite evitar daños irreparables en la vista del paciente.

Por ejemplo, la OCT es muy útil para valorar la posición en la que se encuentra la lente intraocular en aquellos pacientes que han sido operados de cirugía refractiva para corregir la presbicia o de cataratas.

¿Cómo se realiza una tomografía de coherencia óptica?

A continuación, vamos a explicar paso a paso el proceso para realizar una tomografía ocular de coherencia óptica (OCT)

Una vez que el paciente llega a la consulta del oftalmólogo, el médico le suministrará unas gotas por vía oftálmica con el objetivo de dilatar su pupila, si esto fuera necesario. Es importante precisar que, en muchos casos, no es imprescindible dilatar la pupila.

En los casos en los que se dilata la pupila, cuando este colirio haya hecho efecto o en los casos en los que no se dilata la pupila directamente, el paciente se situará sentado frente a una máquina y apoyará la cabeza en un marco o mentonera que le permitirá mantenerse inmóvil de forma cómoda durante toda la prueba.

A continuación, la máquina procederá a tomar fotografías del ojo. Este proceso suele durar entre 5 y 10 minutos en los que el paciente debe mirar un punto luminoso fijo en el aparato. En ningún momento se establece contacto con los ojos.

Los efectos del colirio para dilatar la pupila durarán unas cuantas horas. Por esta razón, se recomienda que los pacientes a los que se les haya dilatado utilicen gafas de sol en los momentos posteriores a la prueba, ya que pueden experimentar mayor sensibilidad a la luz. Además, se les recomienda que eviten conducir. Pasadas unas horas, los efectos desaparecerán por sí solos y la pupila volverá a su tamaño y actividad normal.

¿Cuáles son las principales ventajas de la OCT?

La introducción de esta prueba de imagen en las consultas de oftalmología ha supuesto un importante avance en el estudio del polo posterior del ojo (retina y vítreo).

Es una técnica de diagnóstico que tiene las siguientes ventajas:

  • Permite obtener una visión detallada y clara de la retina y del nervio óptico que no se logra con otras pruebas diagnósticas.
  • A través de esta técnica, el oftalmólogo es capaz de detectar pequeños cambios en la retina del paciente, cuyo conocimiento es muy valioso para el especialista. Estos cambios suelen pasar desapercibidos cuando se realizan otro tipo de pruebas como, por ejemplo, la exploración del fondo del ojo.
  • No requiere contacto directo con el ojo, por lo que no se aplica anestesia.
  • No ocasiona molestias al paciente, solo aquellas propias de las luces o flashes que produce el aparato para poder tomar las imágenes, en algunos casos.
  • No requiere ningún tipo de preparación previa a no ser que se requiera la dilatación de la pupila (en algunas ocasiones no será necesario) El paciente puede desarrollar su vida normal tanto antes como después de la prueba.
  • Su realización es muy rápida (dura sólo unos segundos) e, incluso, se puede utilizar en niños.
  • No genera ningún tipo de efecto adverso.
  • Sus resultados se pueden obtener inmediatamente, aunque se suelen entregar pasados unos días y acompañados de un informe médico.
  • La OCT ofrece una gran exactitud en la obtención de imágenes de la retina y el nervio óptico. De esta manera, su realización de forma seriada en el tiempo permite controlar la evolución de la enfermedad estudiada, la necesidad de los tratamientos y la respuesta del paciente a los mismo.
primer plano paciente junto a foróptero

¿Existen riesgos o contraindicaciones?

No existe ninguna contraindicación para el uso de la tomografía de coherencia óptica. Es un examen totalmente indoloro y no tiene efectos adversos asociados.

De forma excepcional, durante la prueba se pueden percibir mínimas molestias oculares, como picor o lagrimeo, debido a que se le pide al paciente que no parpadee durante unos instantes. Estas pequeñas incomodidades remitirán al finalizar el procedimiento.

Aunque, como hemos indicado, habitualmente no es necesario el uso de colirios para dilatar las pupilas, se deben evitar especialmente en el caso de los pacientes diagnosticados o con riesgo de padecer glaucoma de ángulo cerrado.

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Este contenido ha sido elaborado por la Dra. Marta S. Figueroa

Oftalmóloga especializada en Retina Quirúrgica y Retina Médica. Directora de la Unidad de Retina y del Área de I+D de Retina de Clínica Baviera. Jefa del Departamento de Retina del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid.


La Dra. S. Figueroa cuenta con una amplia experiencia asistencial, quirúrgica, investigadora y docente en el ámbito de las patologías de retina, especialmente en lo que respecta al tratamiento de los desprendimientos de retina, la retinopatía diabética, los traumatismos oculares, la cirugía macular y la DMAE. Ha publicado más de 150 artículos científicos en revistas nacionales e internacionales y 12 libros Es Profesora Asociada en la Universidad de Alcaláde Henares desde 1991.

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